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EXPECTATIVAS Y CAJA DE BOMBONES

  • Foto del escritor: YZA ZAVALETA
    YZA ZAVALETA
  • hace 7 días
  • 3 min de lectura

Elegir un bombón de una caja siempre conlleva el riesgo de sufrir una decepción. Para acabarlo de empeorar, uno puede ver cómo otra persona se queda con el bombón que deseaba. Puedes acabar sintiéndote mal, aunque estés disfrutando de un chocolate delicioso. La diferencia entre el bombón soñado y el que te ha decepcionado es extremadamente pequeña, pero te quedas con ella. Tu cerebro crea expectativas sobre lo que te va a hacer sentir dichoso y ve el mundo a través de la lente de esas expectativas.

Puedes omitir el resto de la historia porque tu cerebro está totalmente centrado en lo que funcionó antes.

Todos vemos el mundo a través de un cristal construido en la adolescencia, porque ésa es la época en la que el cerebro es muy plástico. Ese cristal es inevitablemente irreal. Una persona joven se sentirá en la cima del mundo cuando está libre de tareas y es hora de ir a la cama. Pero una vez se enfrenta al reto de tener que satisfacer sus propias necesidades, ya no se siente el rey del universo y se pregunta qué es lo que ha ido mal.

Uno puede pensar que algo va mal en el mundo, o con su jefe, su pareja, su cultura, o consigo mismo. Nunca echará la culpa a los circuitos cerebrales que comparan la realidad con las expectativas de su juventud, pues esos circuitos funcionan sin conocimiento de causa.

Tengo una amiga que siempre se queja de la comida que le dan en un restaurante. La elige ella, por supuesto, pero cuando se la sirven, siempre la encuentra mal. Mira con ansia la comida que han pedido los demás. Cuando estoy con ella, siento que no puedo disfrutar de mi plato, así que ya no voy a comer con ella.

A menudo oigo a los estudiantes quejarse de lo difícil que es elegir cursos, pero también les oigo quejarse cuando no tienen opción porque un determinado curso es obligatorio. No valoran la elección cuando pueden realizarla, pero se lamentan si la pierden.

Si hubieras vivido en otra época no habrías podido elegir tu profesión, tus creencias, y ni siquiera tu pareja. Te verías coaccionado por las expectativas del grupo. Te imaginarías que de poder elegir pareja, trabajo y otros aspectos de tu vida, serías eternamente feliz. Pero cuando tienes esas opciones no te hacen feliz. Tu cerebro sigue buscando más y sigue centrándose en los obstáculos. Esto es, haciendo el trabajo para el que fue diseñado.

Se dice que la infelicidad es consecuencia de «malas opciones». Eso implica que las «buenas opciones» están disponibles. Pero la verdad es más compleja. Cada opción tiene sus ventajas y sus desventajas. Una vez eliges, ves de cerca las desventajas de tu opción. Es fácil imaginar que todo hubiera ido fenomenal de haber optado por la otra opción. Pero si fuera posible un «volver a empezar», las oportunidades se verían frustradas por otra «mala opción». Si no adquieres el hábito de ver el lado bueno de lo que has escogido, te pasarás la vida entera lamentando tus opciones. Incluso una buena opción puede hacerte feliz sólo durante un breve período de tiempo, pues las sustancias de la felicidad sólo surgen en rachas muy cortas. Cuando batallamos por tomar las mejores opciones, la primera que debemos tomar es la de manejar nuestras sustancias de la felicidad.

Si decides ser feliz, tu cerebro encontrará motivos para serlo. Tendrás igualmente frustraciones y decepciones, pero aun así encontrarás la manera de hacerte dichoso a ti mismo. Tus senderos de la felicidad no se activan por sí mismos; encontrarás vías saludables para ponerlos en marcha. Puedes hacerlo ahora mismo.

Nadie te detiene.

Nadie puede hacerlo por ti.

Y tú no puedes hacerlo por nadie más.

Las sustancias de la felicidad no surgen en tropel todo el tiempo, pero no necesitas tener una experiencia «cumbre» a cada instante. Acepta los inevitables bajones de tu neuroquímica en vez de creer que algo va mal. No tienes que enmascarar esos bajones con hábitos insanos, simplemente puedes aceptarlos como una prueba de que tu mamífero interior está cuidando de ti de la mejor manera que sabe.

No es fácil manejar un cerebro que hemos heredado de nuestros ancestros. Ése es el reto que acompaña al regalo de la vida.

 

Nos vemos muy pronto.

 

Con Infinita Gratitud

 

Yza Zavaleta

 

 

Fuente:  LOS HÁBITOS DE UN CEREBRO FELIZ (Loretta Graziano Breuning)

 
 
 

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